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Primeros años de los niños marcan su futuro

En general, los mayores cuidados de un hijo se concentran en sus primeros 12 meses de vida, cuando aún es pequeño y depende totalmente del adulto. Apenas comienza a caminar los padres velan por que este paso sea seguro y, de ahí en adelante, para que la mayor independencia le permita descubrir el mundo por sí mismo.

Según estudios de neurociencia se ha determinado que los últimos 3 meses del embarazo son vitales para la formación de numerosas redes neuronales, estas son la base del desarrollo del niño. La neuropsiquiatra Amanda Céspedes señala que, “El último trimestre del embarazo es escenario de una veloz conectividad entre las neuronas, estableciéndose sólidas matrices o bases que deberán ser enriquecidas a partir del nacimiento. Hablamos de la matriz comunicativa, vincular, rítmica melódica y del juego”.

Es importante señalar que cada matriz es una red formada por miles de neuronas conectadas entre sí.  La solidez de dichas conexiones depende de moléculas que son liberadas en el cerebro del bebé que está por nacer cuando la mamá se siente segura, protegida por su pareja y por sus cercanos, cuando le habla al bebé, cuando escucha su música preferida y la comparte con su bebé en el útero.

La profesional destaca que durante los primeros 12 meses de vida ocurre una verdadera explosión madurativa en el cerebro del bebé. Las redes neuronales que trae desde antes de nacer crecen, se expanden y alcanzan una gran velocidad y precisión en la transmisión de información gracias a que se recubren de mielina.

 La mielina es una membran que contiene grasa y proteínas, y que envuelve las fibras largas de las neuronas otorgando gran velocidad y precisión a la transmisión de información hacia redes vecinas.

Hay genes encargados de la formación de mielina, pero también influyen otros factores. En primer lugar, la alimentación, siendo la lactancia materna por un período superior a 12 meses el factor más influyente. Otro factor determinante es la actividad física, es decir, que el bebé cuente con espacios seguros para desplazarse, trepar y saltar. El juego también es un gran estímulo para la formación demelina. Los niños menores de 5 años deben moverse libremente y jugar la mayor parte del tiempo en que se encuentren despiertos.

Sumado a lo anterior, las conversaciones, la música, las canciones infantiles, los paseos tranquilos por la naturaleza también van conquistando las habilidades del bebé.

Pero estas conquistas exigen que el bebé sea intensamente amado y protegido. Según la experta, “el maltrato, la negligencia y todo tipo de vulneración rompen las redes, las desgarran y las desmantelan”.

La Doctora Céspedes resalta que es muy importante el acompañamiento amoroso, respetuoso y sensible a las necesidades de esa etapa. Los párvulos son extraordinariamente frágiles, y lo más dañino para su desarrollo es la violencia que muchos padres y cuidadores ejercen cotidianamente sin percibir que están siendo violentos: el grito, el zamarreo, los castigos, hablarles con dureza, con expresión amenazante, el golpe y la negligencia (hacerse los sordos o ignorar al niño).

Finalmente, la neuropsiquiatra habla de que la experiencia directa es la única fuente válida de estímulos para un niño pequeño. Y en ese sentido dice NO a las pantallas (celular, tablet) antes de los 5 años. Y la televisión debe ser muy limitada en tiempo de exposición y en términos de programas.

Fuente: Sonríe Mamá

Profesional Destacado:

Pediatra

Dra. Lorena Sarmiento

Pediatra

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