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Pandemia y Salud Mental

La Pandemia de Coronavirus nos golpeó como una ola que no vemos venir y tenemos que sortear de cualquier forma. Y esto sucedió no solamente a los chilenos, sino a la mayoría de los países del mundo, salvo excepciones contadas con los dedos de una mano.

En menos de diez días adoptamos el hábito de lavarnos las manos durante mucho más tiempo y muchas más veces al día, dejamos de saludar de beso o apretón de manos y establecimos una distancia social antes impensable. Pero no solo eso, se suspendieron clases en colegios y universidades, se cerraron sala cunas, se implementó el teletrabajo en muchas empresas, se clausuraron malls y restaurantes y finalmente se restringieron las salidas de casa a las estrictamente necesarias para sobrevivir (compra de alimentos, visitas médicas, etc.).

Dentro del corto espacio de dos semanas pasamos de tener una vida 80 o 90% fuera de casa, a estar permanentemente en el hogar, no solo nosotros, sino muchos habitantes del mundo. Ni la más desquiciada película de ficción habría tenido un guion como la historia que estamos viviendo. Evidentemente, este rápido ajuste de conducta guardándonos en casa, es un deber ético imperioso para aplanar la curva de contagios del Coronavirus, pero sin duda representa tremendos desafíos de adaptación para todas las familias.

Convivir de forma permanente con la pareja, hijos pequeños o adolescentes, además de abuelos y mascotas, puede ser un reto mayor que cualquier desafío laboral. Si además consideramos que probablemente tendremos que permanecer bastantes días en casa, nuestros esfuerzos por mantener los horarios de trabajo, hábitos de sueño, alimentación, aseo personal, limpieza del hogar, estudio y rendimiento académico, pueden transformarse en una batalla titánica.

Existe alguna evidencia científica de los efectos del aislamiento social más confinamiento en población general, los estudios se centran en personas en condiciones especiales de vida como puestos de soberanía en pequeñas islas o en la Antártida o equipos de pilotos de viajes espaciales. En todos estos estudios se evidencia que el aislamiento social más confinamiento se relaciona con estrés, alteraciones del sueño, síntomas depresivos y deterioro cognitivo leve.

Por esto, y ahora más que nunca, resulta fundamental el cuidado de nuestra Salud Mental, y los cuatro pilares fundamentales para mantenernos sanos al respecto son: horas apropiadas de sueño (idealmente al menos 8), ejercicio físico regular (idealmente 5 veces a la semana), ingesta adecuada de agua (al menos dos litros al día) y alimentación saludable y balanceada. Este es lo más importante y deberíamos enfocar nuestros esfuerzos al menos en mantener estos cuatro hábitos. No hay salud mental sin salud.

Sobre estos pilares podemos pensar en construir otros hábitos de autocuidado, como el reconocimiento y modulación de emociones, establecimiento de relaciones sanas, estrategias de resolución de problemas y fomento de autoestima.

¡Siempre es el mejor día para comenzar a cuidar de nuestra Salud Mental, pero en este momento es más necesario que nunca!

Dra. Claudia Barrera Renault
Gerenta General de Grupo Cetep y Médico psiquiatra

Profesional Destacado:

DR Claudio Urzua

Dr. Claudio Urzúa

Psiquiatra Adulto

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