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En el Día Mundial de la Tierra, una mirada al calentamiento global y la Salud Mental

Hoy 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra, fecha elegida para crear conciencia en los seres humanos buscando evitar todas aquellas actividades que afectan la biodiversidad y el medio ambiente en general.

Esta importante efeméride fue impulsada por el senador estadounidense, Gaylord Nelson, quien encabezó una multitudinaria movilización el 22 de 1970 en Estados Unidos, lo que tuvo como principal logro que se comenzaran a aprobar leyes para la protección del medio ambiente.

El Día de la Tierra de 1970 logró una coincidencia política que parecía imposible. Ese día condujo a la creación de la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos y a la aprobación de leyes relacionadas con el aire limpio, el agua limpia y la conservación de especies en peligro de extinción. A partir de entonces, cada año en esta fecha, el mundo entero reflexiona y se moviliza por una Tierra mejor.

Hasta este siglo pocos pensaron que los seres humanos, viviendo en una extensión de tierra aparentemente sin límites y con agua abundante, podrían causar daños irreparables al medio ambiente. Sin embargo hoy los gobiernos y la gente en general en todo el mundo luchan con la erosión costera, los derrames de petróleo y la contaminación del agua potable, en tanto que cuestiones como el crecimiento de la población, la deforestación, la lluvia ácida y la posibilidad de rápidos cambios climáticos significan decisiones difíciles para el futuro.

Calentamiento global y Salud Mental

Mientras que en distintas capitales los líderes mundiales intentan encontrar soluciones políticas al creciente problema que sufre nuestro planeta con, entre otros, el cambio climático, dos expertas del King’s College de Londres advierten de un peligro añadido y normalmente olvidado derivado de este cambio: sus efectos sobre la salud mental de la población mundial. Según afirman las científicos en Psychological Medicine, en los próximos años los trastornos mentales aumentarán en todo el planeta, y también empeorará la situación de aquéllos que de antemano padezcan enfermedades mentales. La causa: los desastres naturales, los desplazamientos masivos por inundaciones de la costa, la aparición de enfermedades infecciosas graves o el aumento de la temperatura. Según las expertas, urge estudiar a fondo estos mecanismos para poder paliar la situación, que podría ser especialmente dramática en los países pobres.

Page y Howard revisaron una serie de estudios recientes realizados por científicos y relacionados con el impacto potencial del cambio climático en la salud mental humana.

A partir de esta revisión, las expertas concluyeron que los efectos más nocivos de esta situación recaerán en aquellas personas que de antemano padezcan alguna enfermedad mental seria, pero que también habrá un incremento de los trastornos mentales en individuos previamente sanos, de todo el planeta.

Las científicos alertan de la falta de investigaciones sobre los mecanismos por los que el cambio climático provoca y potencia este tipo de trastornos, y de la necesidad de que se realicen nuevos estudios para que se puedan llevar a cabo políticas fundamentadas en conocimientos, que permitan
afrontar los problemas que han de llegar.

Según declaró Page en el comunicado del King’s College, mientras los delegados discuten sobre los efectos del cambio climático y sobre las posibles respuestas al problema que han de dar los Gobiernos, las expertas temen que los efectos del cambio climático en la salud mental de la gente sean ignorados a largo plazo, lo que supondría un tremendo riesgo para millones de personas en un futuro no lejano.

Riesgos potenciales

Las investigadoras han identificado diversas formas por las que el cambio climático podría afectar a la salud mental.

En primer lugar, los desastres naturales (como inundaciones, ciclones o sequías), que se están incrementando como consecuencia del cambio climático, provocan trastornos psiquiátricos adversos en las personas que los sufren. Estos trastornos han sido bien documentados en los estudios sobre las repercusiones de los desastres naturales, y entre ellos se encuentran el trastorno por estrés post-traumático, la depresión severa o los trastornos somatoformes.

Por otra parte, las necesidades de las personas con enfermedades mentales crónicas a menudo son pasadas por alto tras un desastre de esta envergadura, momento en que las intervenciones psicológicas suelen centrarse en aquellos individuos que acaban de sufrir un trauma. En estas situaciones, el riesgo de mortalidad o de empeoramiento de los enfermos mentales, por tanto, aumenta.

En tercer lugar, a medida que las temperaturas se incrementan, las personas con enfermedades mentales son particularmente vulnerables al peligro de muerte relacionada con el calor. A esta situación contribuyen los medicamentos psicotrópcios, la preexistencia de enfermedades respiratorias o cardiovasculares o el abuso de sustancias. Además, la cantidad de suicidios también podría incrementarse a partir de un umbral de temperatura.

Asimismo, los expertos prevén que como consecuencia del cambio climático aparecerán nuevas enferemdades infecciosas graves. Este hecho también tendrá un impacto piscológico en la población, en forma de estrés psicológico, ansiedad y estrés traumático, advierten Page y Howard.

Otro aspecto del cambio climático que afectará a la salud mental de la población mundial será el derivado de los cambios costeros y del incremento de las inundaciones, que se espera obliguen a migraciones y desplazamientos masivos.

Por otra parte, la urbanización, un fenómeno que podría ser en parte beneficioso (porque aumenta las oportunidades de trabajo y también la posibilidad de acceder a servicios de salud) se está asociando con un incremento de la incidencia de esquizofrenia en países desarrollados.

Buscar soluciones

Según publica a este respecto la agencia de noticias de la UE, CORDIS, el volumen de investigaciones sobre los efectos sanitarios generales del cambio climático va en aumento. Algunos autores calculan que este fenómeno provoca en la actualidad más de 150.000 muertes cada año, una cifra que probablemente empeorará en las próximas décadas.

En lo que se refiere a la salud mental, hasta cierto punto se ha tomado conciencia de los efectos del cambio climático en ella, pero mayoritariamente se habla de estas repercusiones en términos imprecisos, y en los debates que se plantean rara vez participan quienes realizan investigaciones sobre salud mental u ostentan competencias políticas.

La peor parte de los efectos del cambio climático, en lo que a salud mental de la población se refiere, la sufrirán los países pobres o en vías de desarrollo porque, en ellos, la asistencia de salud mental ya es deplorable y, en caso de que su situación económica empeore como consecuencia del cambio climático, será improbable que reciban prioridad para afrontarla.

Howard y Page concluyen que es urgente que los profesionales de la salud mental emprendan estudios científicos sobre este tema. En ellos deberían colaborar diversas disciplinas como la climatología, la geografía, la epidemiología ambiental, el urbanismo, la economía, la modelización o las infraestructuras. La finalidad: planificar y poner en práctica los resultados que se obtengan de las investigaciones.

Fuente: Tendencias 21

Profesional Destacado:

Alejandra Rojas Psicologa

ALEJANDRA ROJAS

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