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Niños con fuertes habilidades sociales tienen más éxito en su futuro académico y laboral

Un alto desempeño en competencias blandas en la edad preescolar -como compartir con otros y entender sus emociones- rinde frutos a largo plazo, de acuerdo con una investigación que revela mayores logros incluso al cabo de dos décadas. 

Compartir con otros niños o ser colaborador en el jardín infantil son actividades que no merecen solo una estrellita en la mano, ya que una investigación publicada este mes en la revista American Journal of Public Health agrega más evidencia a la constatación de los beneficios que tienen las habilidades prosociales y emocionales desde la más temprana edad.

Los investigadores de las universidades Estatal de Pensilvania y de Duke (EE.UU.), analizaron si las evaluaciones de estas competencias en 753 niños que asistían a kínder tenían alguna repercusión en su bienestar dos décadas más tarde.

Los preescolares, principalmente de estrato socieconómico bajo, habían sido evaluados por sus parvularias usando una Escala de Competencia Social de 0 a 4 puntos.

Entre otras variables, las educadoras midieron aspectos como «coopera con sus pares en forma espontánea», «ayuda a otros», «es muy bueno para comprender los sentimientos de otros», «resuelve problemas de sus pares», «escucha los puntos de vista de otros», «comparte materiales», «hace sugerencias y opina sin ser autoritario».

Adultos exitosos

Cuando los niños tenían entre 19 y 25 años, los investigadores evaluaron información sobre su educación, empleo, criminalidad, uso de sustancias y salud mental, proporcionada por ellos mismos, sus profesores, padres y registros públicos.

Luego de aislar factores como el nivel socieconómico, el riesgo familiar, la calidad del vecindario o el rendimiento escolar, los investigadores hallaron que «los niños que tenían competencias sociales sobre el promedio fueron los que tuvieron mejores resultados al llegar a la adultez», dice a «El Mercurio» Damon Jones, autor principal del estudio.

Así, cada punto extra de habilidades sociales en la etapa preescolar aumentaba en 54% sus posibilidades de haber completado su educación superior y en 46% el tener un trabajo a tiempo completo.

Además, los niños con más competencias sociales tenían menos probabilidad de llegar a los 25 años, dependiendo de la asistencia social y habían tenido menos conflictos con la justicia durante su juventud y menor uso de sustancias como drogas y consumo excesivo de alcohol.

Aunque los investigadores destacan que no hay una relación causal entre competencias sociales y mayor bienestar y logros a futuro, «las habilidades sociales pueden influenciar otros factores de desarrollo que, en conjunto, afectan el curso de la vida».

Jones destaca que «observar y evaluar estas habilidades a los 5 años y ver hacia dónde llevan 20 años más tarde podría contribuir al desarrollo de políticas de intervención que incentiven estas destrezas, dado que estas son maleables. Esto es vital para su desarrollo, junto con las habilidades y educación académicas y parentales».

«Este estudio nos muestra que es posible estimular muy tempranamente habilidades prosociales que servirán para la vida, como empatía, capacidad de escucha o de controlar impulsos», destaca Claudia Cerfogli, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica.

El rol de la familia

Un aspecto clave en este sentido, señala, es «estimular la capacidad del niño de conectarse con su mundo interno, ayudándole a ir expresando o comunicando sus sentimientos y emociones, enseñarle cómo se llaman esas emociones y dejando que las verbalice».

Carolina Salamé, directora de la carrera de Educación Parvularia y Básica de la U. Mayor, enfatiza que son los padres y la familia los primeros agentes de las habilidades sociales de un niño, y, luego, la educación preescolar se encarga de mantenerlas y potenciarlas.

En ese sentido, señala, es importante que desde pequeños se dé a los niños «oportunidades de exploración y espacios de autonomía, lo que permitirá que adquieran seguridad en sus propias acciones». A esto se suman reglas y normas claras y actuar en forma consecuente con lo que se enseña.

A los más grandes, agrega, se les debe estimular a que den su opinión y hagan propuestas, así como ayudarles a manejar las frustraciones enseñándoles que las cosas no siempre se logran de inmediato, que a veces se requiere más esfuerzo o dedicación.

Fuente: El Mercurio

Profesional Destacado:

Psiquiatra Infanto Juvenil

DR. FERNANDO MÉNDEZ

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