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¿Cómo educamos la sexualidad?

La sexualidad es un aspecto fundamental del ser humano, y que está presente a lo largo de toda la vida. Está influida por la interacción de múltiples factores: biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, históricos, religiosos y espirituales. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, valores, conductas  y las relaciones interpersonales.

Debido a que es algo tan importante, en la actualidad la mayoría de las personas estamos de acuerdo que hay que educar al respecto y que se debe hacer de manera compartida: padres, colegio y sociedad. Sin embargo, muchas personas creen que “la sexualidad” es sinónimo de relaciones sexuales o se refiere sólo a los genitales y creen que por hablarle a los adolescentes sobre las enfermedades de transmisión sexual, sobre las consecuencias del embarazo y como cuidarse, ya hicieron la tarea al respecto.

Se habla de estimular un desarrollo integral, apoyando el desarrollo cognitivo y emocional, pero casi nunca incluyendo la sexualidad. Pareciera que el tema aún genera angustias, probablemente resabios de la época medieval y la colonización, donde la sexualidad se relacionaba a pecado, a menos que fuera con fines de reproducción. Hablar de sexualidad sin caer en simplificaciones es una tarea compleja.  Debemos tolerar la incertidumbre de esta complejidad.

El Dr. Ricardo Caponni, un experto reconocido en la materia, identifica tres modelos para abordar la educación sexual: represiva, liberal y comprensiva.  La educación sexual represiva se centra en los peligros: se debe evitar el sexo para protegerse. Este enfoque puede hacer que los adolescentes sientan angustia en relación a la sexualidad. La abstinencia se torna un valor, y por ende se tiende a idealizar la virginidad, la que se puede transformar en el máximo regalo que le doy al otro, dejando a un lado los propios deseos.

Por otro lado, tenemos la educación liberal, centrada en los deseos del individuo, plagada de mensajes que vienen con la idea que las cosas que deseamos se deben conseguir aquí, ahora y a cualquier precio. Además están los mensajes publicitarios llenos de contenidos sexualizados, que promueve modelos de corporalidad y estética estandarizados, que poco toleran la diversidad del ser humano y que pueden llevar al peligro de idealizar el cuerpo perfecto. De hecho, la mayoría de las jóvenes tienen a tener una visión negativa de su cuerpo. Todo lo anterior, puede hacer que los jóvenes sientan que es un derecho satisfacer sus deseos, pudiendo ver a los otros como objetos, que están al servicio de sus necesidades y no como un otro. Bajo este paradigma ocurren historias de  adolescentes que tienen encuentros sexuales casuales, donde al final los jóvenes sienten el temor de que serán capturados en una relación que no desean, por lo que salen arrancando luego del coito y las chicas se sienten abandonadas y utilizadas, llenas de emociones negativas, como la culpa y la vergüenza. Esta educación puede llevar a ver la virginidad como un estigma, un defecto del que hay que deshacerse. La satisfacción inmediata a la larga puede generar aburrimiento, adicción, infidelidad, etc.

El ser humano tiene necesidades afectivas. Somos los únicos animales que hacemos el amor mirándonos a la cara. No nos quedamos en la autoestimulación y buscamos relacionarnos, tener una pareja. La educación comprensiva, es la que a la base tiene la idea de favorecer una vida psicológica más plena, donde la sexualidad este integrada al amor y al servicio de esta. Para esto, se requiere profundizar sobre lo que significa una relación íntima y el tener un vinculo cercano con un otro. Se reflexiona sobre conductas que fortalecen la relación, por ejemplo, cuidar de otro, entregar cariño, mostrar respeto, comunicar de forma asertiva, tener tolerancia, paciencia, aceptación y empatía. Se dialoga sobre conductas que dañan los vínculos, como cuando se es muy egocéntrico y se utiliza a los otros o se espera que el otro este solo al servicio de nuestras necesidades. Este tipo de educación se basa en igualdad de derechos y con comprensión del placer sexual como un derecho del hombre y la mujer. Donde lo más importante son las relaciones interpersonales y la calidad de la relación consigo mismo.

Se tocan temas como la atracción,  el enamoramiento y la idealización, el amor más maduro. La importancia de la fidelidad en las relaciones de pareja, que es  la capacidad de mantenerse leal a otro, sin incorporar un tercero. Algo que se logra conscientemente, no se improvisa y que rescata el deseo de exclusividad e intimidad.

Para sostener la atracción por otro, no podemos quedarnos solamente en la atracción de su cuerpo, sino que hay que profundizar en quien es la otra persona. Se permite al adolescente conectarse con sus propias vivencias y reflexionar sobre sus experiencias, favoreciendo la mentalización a través de la conversación. El adolescente logra integrar la importancia de desarrollar la capacidad de esperar y de darse el tiempo para conocer al otro. La sexualidad se da como un proceso natural, en una relación de confianza, donde hay una aproximación progresiva y con cuidado, donde se está consciente de lo que se está haciendo. Todo esto enriquece el conocimiento tanto de uno mismo, como del otro y del propio vínculo. En este proceso se logran contener mutuamente las ansiedades que puedan surgir.  Saben que existen muchas maneras de expresar el afecto, como son los besos, los abrazos, las palabras, las miradas, las caricias. Se intenta mostrar que el amor más que una emoción, es un verbo, que implica acciones. Por esto, no basta con decirle a alguien “te amo”, sino que se debe demostrar en acciones, ejercitando la voluntad, los límites y el autocuidado.

*Escucha la participación anterior (23/07/2014) de la Dra. Mariana Labbé Torres, Médico Psiquiatra Infantil y Adolescente, y directora Médico Clínica MirAndes, en el programa “Conectados” que conduce Checho Hirane aquí

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