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La demencia: mayor esperanza de vida, ¿mayor riesgo de demencia?

Según el primer reporte mundial sobre demencia, recientemente publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la organización Alzheimer’s Disease International, este flagelo se extiende a gran velocidad por nuestras sociedades. Por eso, la OMS se empeña en promover un envejecimiento saludable, que añada vida a los años y contrarreste la aparición de la enfermedad.

A medida que alguien envejece, todos los sistemas de su cuerpo comienzan a degenerarse en mayor o menor grado. «A partir de los 25 años la cifra de neuronas en funcionamiento en nuestro cerebro se reduce gradualmente y nuestro desempeño mental cambia», explica Martin Prince, profesor de Psiquiatría Epidemiológica del Kings College de Londres.

«Pero la demencia es una condición patológica, relacionada con procesos de enfermedad, entre los cuales el mal de Alzheimer es el más común. Los cerebros afectados por el Alzheimer son diferentes de aquellos que están envejeciendo normalmente», aclara Prince.

Cada vez más personas disfrutan de una vida más larga en todo el mundo. Esta es una buena noticia y, al mismo tiempo, no tan buena, pues las enfermedades relacionadas con el envejecimiento aumentan. Entre las más notables se ubica la demencia, un trastorno del cerebro, generalmente crónico, causado por varias enfermedades cerebrales que afectan la memoria, el pensamiento y la capacidad de realizar actividades cotidianas. Las estadísticas son aterradoras, opina Marc Wortmann, director ejecutivo de Alzheimer’s Disease International, una federación internacional de asociaciones de ayuda.

«Cada cuatro segundos aparece un nuevo caso de demencia en el mundo. Hace 10 años, se calculaba uno cada siete segundos. Pero se está acelerando. Y si nos fijamos en las proyecciones futuras, para el año 2050 podría aparecer un caso cada segundo. Tenemos que actuar, tenemos que hacer algo para detener esta epidemia», advierte Wortmann.

Para el Alzheimer no existe cura, pero la demencia vascular puede prevenirse atendiendo a factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, la inactividad física o el hábito de fumar. Otro problema, explica Shekhar Saxena, director de Salud Mental en la OMS, radica en el retraso del tratamiento a la demencia, pues muchas veces sus síntomas avanzan lentamente y se confunden con otros del avance de la edad: «incluso en países de altos ingresos, solo entre un quinto y la mitad de los casos se reconoce rutinariamente. Y el porcentaje es por supuesto mucho menor en países de ingresos medios o bajos», precisa.

Aumenta la incidencia en países en desarrollo

Más de la mitad de los afectados por la demencia vive ya en países de bajos y medianos ingresos, donde la población crece y la esperanza de vida aumenta. La OMS prevé que la cifra se elevará a más del 70 por ciento para el año 2050. Esto supondrá una enorme carga económica, física y emocional para quienes padecen la enfermedad, para quienes cuidan de ellos y para los sistemas de salud pública.

Más de 600 mil millones de dólares se gastan anualmente en el tratamiento y el cuidado de personas con demencia; de ellos, unos 73 mil millones en países en desarrollo. Y la cifra crecerá. Pero, hasta ahora, sólo varios países europeos, junto con Australia, Japón y Corea del Sur, aplican estrategias para enfrentar la enfermedad.

Entre el Estado y la familia

Muchos gobiernos de países en desarrollo asumen que la familia va a cuidar a sus allegados en el futuro, como lo han hecho en el pasado, afirma el Dr. Martin Prince, del Kings College de Londres. Pero «desafortunadamente, nuestras investigaciones indican que no será así», añade Prince.

¿Las causas? «Cada vez hay más personas mayores sin hijos, sin una familia extendida dispuesta a cuidarlas, alojarlas o apoyarlas financieramente. La gente emigra a otras ciudades u otros países en busca de trabajo. Y, con la mayor educación de las mujeres, ellas están menos disponibles para dedicarse al cuidado de enfermos», explica Prince.

En los estados avanzados de la enfermedad, los pacientes necesitan cuidado a tiempo completo en sus hogares o en instituciones de salud. En países pobres, la familia juega un rol fundamental y se ve obligada a reducir sus horas de trabajo y sus ingresos.

Por ello, la OMS recomienda, tanto a países de bajos como de altos ingresos, crear programas para perfeccionar el diagnóstico temprano y aumentar la percepción pública sobre la enfermedad. Involucrar a quienes cuidan de los enfermos en el diseño de estos programas, así como crear servicios comunitarios de apoyo a las familias, antes que estas se vean obligadas a incurrir en grandes gastos.

Fuente: http://www.dw.de

Profesional Destacado:

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DRA. BEATRIZ LOYOLA

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