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¿Cómo construir responsabilidad compartida de pareja?

El contexto de la modernidad ha puesto nuevas expectativas y demandado una mayor flexibilidad en los roles de pareja. La incorporación de la mujer al mundo laboral, junto con una perspectiva de igualdad de derechos en tema de género, son algunas variables que han impactado la definición tradicional de pareja. En este sentido, las aspiraciones en torno a tener un compañero/a se han complejizado. Hoy, buscamos satisfacer un número creciente de necesidades por medio de la pareja. Queremos un amigo/a incondicional, alguien que sepa escuchar, apoyar y contener. También un/a amante, una persona interesante, con mundo propio. Además debe ser trabajador/a y proveer bien al hogar, un padre/madre ejemplar, que cuide y participe de la vida de los hijos, etc.

Frente a esto, cabe preguntarse si estamos a la altura de las circunstancias. Las parejas han evolucionado, y ambos están dispuestos a comprometerse con la tarea que implica estar juntos. Sin embargo, una de las quejas fundamentales aún se sitúa en el plano doméstico. Los hombres siguen considerando que lo que ellos hacen en la casa es una ayuda, cuando en realidad es una responsabilidad compartida. El desafío para la pareja es ser estratégicos al momento de cumplir los múltiples roles que los demandan y para esto se requiere trabajo en equipo y responsabilidad compartida.

Lo que comienza a suceder en algunas parejas, es que no logran compartir la responsabilidad en sus tareas. Uno de los miembros se deja estar y se apoya en el otro que suele tener un rol más activo. Esto generalmente, opera como una colusión. Al principio ambos miembros se sienten a gusto, uno cuidando y otro siendo cuidado, uno dando y otro recibiendo. El problema comienza a surgir cuando esta postura se rigidiza y ambos se sienten atrapados en su rol. En este escenario, puede ocurrir que al menos uno de los miembros de la pareja comience a sentir disgusto. Generalmente, la persona que ha tenido el rol activo se cansa y siente que su entrega no está siendo retribuida. También sucede que la persona pasiva se siente presa de órdenes y mandatos que restringen su autonomía, lo que puede afectar su autoestima. Es usual que el miembro que se siente cómodo en ese estilo de relación, no logré entender el porqué de la queja.

Algunas señales que podrían dar cuenta de un problema en este ámbito, es cuando uno de los miembros no despliega autonomía suficiente para tomar decisiones, constantemente se muestra inseguro o dependiente de su compañero/a, no desarrolla voluntad para asumir responsabilidades, y en especial, cuando se observa una falta de reciprocidad en la relación. A su vez, el otro miembro de la pareja también es parte del problema. Suelen tener dificultad para delegar responsabilidades, o no dan el espacio suficiente para que la pareja participe, con lo que no promueven su autonomía. Esto puede suceder por un tema de control, para el que lidera la relación puede resultar útil estar en esa posición porque de algún modo se asegura que las cosas se hagan bajo su punto de vista.

Lo anterior opera como un circuito que se refuerza constantemente. Mientras más activo es uno de los miembros de la pareja en su intento por compensar la pasividad del compañero/a, menos oportunidades tiene el otro de desarrollar las competencias que necesita para ser autónomo/a.

¿Cómo se puede salir de ese circuito? Antes que todo, una postura constructiva para la pareja sería entender que están frente a una situación que deberán resolver juntos, se trata de un problema de a dos, y por tanto se debe evitar etiquetar a uno de los miembros como el problema. Una manera de resolver conflictos de manera positiva es situar el conflicto en los comportamientos y no en la persona. Como ejemplo decir “A mí me ayudaría que tú tuvieras iniciativa colaborando en la casa con estas acciones”, en vez de decir “El problema es que eres un flojo/a y nunca haces nada en la casa”. Una vez que ya definieron en conjunto sus expectativas y sus metas, el trabajo que continúa es un proceso donde ambos deben ser empáticos con la dificultad de cada uno, apoyándose mutuamente. Celebrar los logros del otro, reforzar cuando ha dado un paso, cuando ha tenido iniciativa, cuando ha mostrado autonomía. Es muy importante dar espacio para que el otro se responsabilice de sus tareas, validando su manera de hacerlo, aunque sea diferente a la propia. La clave está en acentuar lo positivo de los cambios.

Autora: Psicóloga Victoria González Macqueen. 

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