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¿Cuáles son las causas más frecuentes de disminución del deseo sexual?

Hoy comenzaste muy temprano la pelea de “vístanse-rápidamente-tómense-la-leche-lávense-los dientes” con tus hijos, como casi siempre la perdiste; tuviste que salir de tu casa a medio maquillar, los pasaste a dejar al colegio volando, por supuesto que llegaste atrasada al trabajo, y por ende tu jefe te ladró todo el día.

Al regresar del trabajo, ayudaste a tu hija con las tareas y saliste corriendo al supermercado a comprar cartulinas para la maqueta de tu hijo; cuando tus niños por fin dormían, te llamó tu mamá para recriminarte “que este año nuevamente no te habías acordado del cumpleaños de la tía Angélica, que eres una egoísta, que todos habían comentado tu ausencia y bla, bla, bla…”

Y a las once de la noche, a punto de dormirte al colgar el teléfono, tu marido se acerca… se pone sospechosamente cariñoso… y te pide … ¡¿sexo?!

Probablemente te parezca humanamente imposible aceptar de buena gana la invitación de tu marido, sin embargo, si esta situación se vuelve una constante en tu vida de pareja, te encontrarás a un paso de presentar una disfunción sexual.

Seguramente el término “disfunción sexual”, te suena un poco grave y lo relacionas con problemas como el vaginismo o la impotencia; pero en realidad este nombre describe todos los trastornos que pueden ocurrir durante ciclo de respuesta sexual humana.

Justamente, el ciclo de respuesta sexual se inicia con la fase de deseo. El deseo es la apetencia de iniciar o mantener una relación sexual, es lo que nos mueve a buscar y entregarnos al otro en el encuentro sexual.

Las dificultades más comunes en la respuesta sexual femenina se relacionan con el “no tener ganas” o deseo sexual hipoactivo (inhibición de la apetencia sexual persistente en el tiempo).

Ahora bien, existen algunos períodos de la vida de la mujer en los que el deterioro de la respuesta sexual puede considerarse casi “normal”.

El nacimiento de los hijos con los cambios hormonales del embarazo y lactancia, las modificaciones corporales, y el estrés propio del maternaje temprano (noches sin dormir, altos niveles de estrés), generalmente se acompaña de un deterioro en la vida amorosa que se revierte lentamente, en la gran mayoría de los casos.

Hay otras numerosas ocasiones en que la pareja puede estar sometida a altos niveles de estrés: problemas económicos, problemas laborales, enfermedad grave de un ser querido. En todas estas circunstancias las altas demandas emocionales determinan modificaciones fisiológicas en nuestro organismo, que son las responsables del deterioro de la respuesta sexual.

Lo importante en estos casos, es evitar que los altos montos de tensión se mantengan en el tiempo; ya que, por un lado el estrés sostenido puede desencadenar enfermedades psiquiátricas y sistémicas, y por otro lado el deterioro mantenido de la vida sexual puede determinar un quiebre irreversible de la relación de pareja.

Otra de las causas más frecuentes de deseo sexual hipoactivo, es el deterioro de la relación de pareja: problemas de comunicación, pérdida de intereses comunes, ausencia de proyecto vital compartido, peleas frecuentes, etc.

Cuando las disfunciones de pareja son graves (violencia intrafamiliar, problemas de dependencia a sustancias de alguno de los miembros de la pareja, infidelidad, etc.) se produce casi de regla un deterioro profundo de la vida sexual.

En todos estos casos, lo más recomendable es reconocer el conflicto y solicitar ayuda profesional para resolverlo (terapia individual o de pareja).

Por último siempre deben descartarse además las enfermedades sistémicas generales (diabetes descompensada, trastornos renales crónicos, dolencias reumatológicas, entre otras), las enfermedades psiquiátricas (trastornos depresivos, trastornos alimentarios, trastornos por dependencia a sustancias, entre otros), y el uso de algunos medicamentos que pueden relacionarse con un deseo sexual hipoactivo.

Por esta última razón si la disfunción sexual se mantiene en el tiempo es importante consultar a un profesional de la salud, que pueda descartar estas enfermedades.

Nunca debemos dejar de lado que la relación sexual es una fuente importante comunicación amorosa, un espacio lúdico y de placer compartido; que no solo contribuye a mantener una relación de pareja saludable, sino que también nos brinda beneficios psicológicos y fisiológicos personales (menor frecuencia de enfermedades cardiovasculares, menor frecuencia de aparición de algunas neoplasias, mejor autoestima, mayor tolerancia al estrés emocional, etc.).

Lo más importante es tomar cartas en el asunto y no dejar pasar el tiempo en forma indefinida sin enfrentar el problema, porque el detrimento de la vida sexual conduce a largo plazo al deterioro de la relación de pareja, ya que se acumulan rabias, penas e inseguridades que finalmente pueden determinar un quiebre irreversible.

Autora: Dra. Claudia Barrera Renault

Leer Columna: Revista Salud Magazine, N°6

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