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Síndrome florero: ¿qué es?

¿Nunca se han preguntado por qué hay personas que, pase lo que pase, siempre terminan siendo las eternas víctimas? ¿Cómo es que todas sus amigas (os) terminan siendo unas traidoras (es) y todas sus parejas insuficientes? Si uno lo piensa racionalmente, la posibilidad de entablar una relación con alguien mentiroso, cobarde y egoísta, es sólo eso: una probabilidad. Ahora bien, si sistemáticamente TODAS las relaciones de pareja terminan defraudándome y traicionándome, cae de cajón preguntarse uno mismo si no existe algo en mí que atraiga y se sienta atraído hacia este tipo de personajes. En otras palabras: ¿tendré yo misma (o) parte de responsabilidad en mi suerte y en lo que ocurre en mi vida?

Pues bien, esta es la conclusión lógica a la cual -a un cierto nivel de desarrollo evolutivo (edad adulta)- todos y todas debiéramos llegar. Es decir, uno evoluciona desde la heteroculpabilidad (“yo no fui”) propia de un niño, hacia una posición más empoderada y responsable de sus actos y decisiones.

Lamentablemente existen personas que padecen de un Trastorno de Personalidad (TDP), siendo característico en ellas la manipulación y la heteroculpabilidad. Según la definición del siquiatra alemán Kurt Schneider, son personas que por su forma de ser “sufren y hacen sufrir a los demás”.

Los Trastornos de Personalidad se definen como un patrón permanente de experiencia subjetiva y comportamiento que se aleja de lo esperado por la cultura del sujeto. Estos patrones se manifiestan en alteraciones en distintas esferas:

  • Cognitiva: en la forma de percibir e interpretarse a sí mismos, a los demás y a los acontecimientos.
  • Afectiva: intensidad, labilidad, frecuencia y adecuación de la respuesta ante estímulos emotivos.
  • Relaciones interpersonales
  • Control de impulsos

Para considerar la presencia de un TDP las manifestaciones deben observarse de forma persistente en diferentes situaciones en la vida del individuo, además de tener una duración estable en el tiempo, con inicio en la adolescencia o principios de la edad adulta. Por otra parte, el patrón causa un deterioro significativo en la vida del individuo. En términos generales, la literatura indica un 6% en estudios de prevalencia internacional. En Chile, los estudios han mostrado una prevalencia de hasta 10%.

Todas las miradas en mí

Existen diferentes rasgos que consolidan distintos TDP. En esta ocasión nos referiremos al TDP de tipo histriónico. En este trastorno predominan ciertas características infantiles, rehuyendo responsabilidades y deberes, al mismo tiempo que una sexualización de las relaciones, usada con el fin de manipular. Es decir, hay un esfuerzo permanente por mantenerse como “el objeto del deseo”, para de esta forma conseguir beneficios y protección incondicional.

Lo normal en una relación es dar y recibir, proteger y sentirse protegido. Si no es así, y uno solo espera recibir y recibir, en algún momento esto no será lo esperado y nos encontramos frente a la situación de que “el otro no da el ancho”, no es lo que esperábamos, y una y otra vez entramos en el mismo círculo vicioso de ser defraudada (o). Este tipo de trastorno no es exclusivo entre las mujeres, aunque existe cierto sesgo cultural en que se toleran más estas actitudes entre personas del sexo femenino.

Es importante que desde pequeños les enseñemos a nuestros hijos, tanto niños como niñas, a responder por sus actos y hacerse responsable de sus consecuencias. A todos nos gusta ver niñitas que jueguen a ser princesas, pero es importante dejar en claro eso: es sólo un juego y no la realidad. Aquellos niños consentidos sistemáticamente por sus padres llegan a la edad adulta sintiéndose “floreritos”, y cuando el mundo no justifica sus actos sólo por ser “principitos y princesitas”, cosa que tarde o temprano ocurrirá, toleran muy mal la frustración y tienden a deprimirse.

Es por esto que a veces es necesario dar medicamentos cuando se sufre este tipo de trastorno, principalmente para controlar la angustia y la impulsividad. Pero la piedra angular del tratamiento es una buena y estable psicoterapia, en lo posible con frecuencia semanal. Básicamente, en psicoterapia se repara el modelo relacional que el paciente aprendió desde niño, y en el largo plazo se integran dinámicas relacionales más sanas. Dado que este aprendizaje ocurre a nivel inconsciente, es importante tener claro que lo óptimo es realizar una terapia de largo aliento, capaz de generar cambios duraderos.

De esta manera invertiremos en calidad de vida, cosechando tranquilidad y una mayor satisfacción con nuestra propia historia.

Algunos signos para reconocer:

  • Actuar o lucir exageradamente seductor.
  • Dejarse influenciar fácilmente por otras personas.
  • Estar demasiado preocupados por su apariencia física.
  • Ser exageradamente dramáticos y emocionales.
  • Ser demasiado sensibles ante las críticas o la desaprobación.
  • Creer que las relaciones personales son más íntimas de lo que realmente son.
  • Culpar a otras personas de sus fracasos o decepciones.
  • Buscar constantemente confianza o aprobación.
  • Tener baja tolerancia ante la frustración o la demora en la gratificación.
  • Necesidad de ser el centro de la atención (egocentrismo).
  • Estados emocionales rápidamente cambiantes que pueden parecer superficiales para otros.

Por: Dra. Macarena Gálvez, Médico Cirujano, Pontificia Universidad Católica de Chile. Psiquiatría Adultos Universidad de Chile. Directora Médico Unidad de Peritajes Clínicos.

En nuestro Centro de Atención Clínica encontrará a los mejores profesionales. Puede reservar o realizar consultas en los teléfonos 22784 0838 / 22784 0839 o al mail contacto@cetep.cl

 

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