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¿Qué es la depresión estacional?

El trastorno depresivo estacional es un tipo de depresión que aparece característicamente en la misma época del año, generalmente otoño o invierno.

El origen de la Depresión Estacional se ha relacionado con la disminución del número de horas de luz durante el período invernal. Este fenómeno natural produciría cambios en los niveles de distintas hormonas y neurotransmisores de nuestro cuerpo, que serían los culpables de las modificaciones del estado de ánimo. Cuando el invierno se retira también desaparecen los síntomas de esta enfermedad.

La frecuencia de aparición del Trastorno Depresivo Estacional en la población general varía de una región del mundo a otra, mientras más lejos de la línea ecuatorial vive una persona, más probable es que lo desarrolle; esto está en directa relación con una mayor disminución de las horas de luz durante el invierno en estas regiones. Si una persona con Depresión Estacional viaja a un lugar más cercano al ecuador, dejará de padecer de estos síntomas durante el invierno, o éstos serán sustancialmente menos importantes.

Se trata de una enfermedad que regularmente aparece en la adolescencia o la adultez. En forma similar a lo que sucede en las otras formas de depresión, las mujeres tienen una mayor probabilidad (cuatro veces más) de desarrollarla que los hombres, lo mismo sucede con las personas que poseen antecedentes familiares de depresión.

La sintomatología de las Depresiones Estacionales es, a grandes rasgos, la misma de las depresiones comunes (ver Guía de Información sobre Depresión); sin embargo existen algunos síntomas específicos -llamados síntomas atípicos-, que hacen que el cuadro clínico sea especial.

Característicamente los cuadros depresivos clásicos se presentan con anorexia y baja de peso concomitante; en el caso de la Depresión Estacional sucede lo contrario: frecuentemente hay un aumento del apetito, y especialmente de la apetencia por carbohidratos (chocolates, dulces, pasteles, etc.). Esto hace que las personas aumenten de peso en vez de adelgazar.

Otro síntoma característico es la hipersomnia (aumento de la necesidad de sueño) con somnolencia diurna, al contrario de las depresiones clásicas que se presentan con insomnio.

Regularmente aparece también una sensación de pérdida de energía y cansancio fácil, de “aletargamiento”, los movimientos de las personas pueden volverse lentos y perezosos. Esto puede ser más intenso durante horas de la tarde, y acompañarse de una disminución de la capacidad de concentración.

Durante el invierno, las personas que padecen esta enfermedad disminuyen al mínimo las actividades que no son estrictamente necesarias (la vida social por ejemplo o la vida sexual), o las realizan a costa de un gran esfuerzo.

Todos estos síntomas hacen que la persona presente un deterioro de su capacidad funcional en casi todos los ámbitos de su desempeño (laboral, académico, familiar, social, etc.), que muchas veces provoca consecuencias indeseadas: fracasos escolares, pérdida de oportunidades laborales, rupturas familiares o de pareja, entre otras.

Este tipo especial de depresiones puede ser tratado con éxito con fármacos antidepresivos (acompañados o no de psicoterapia), al igual que las depresiones clásicas; pero también el uso de la fototerapia (exposición a un tipo especial de luz durante un tiempo determinado) ha demostrado ser exitoso en la remisión de los síntomas.

Autor: Dra. Claudia Barrera Renault.

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